Aspectos destacados

1 Un ciberriesgo es cualquier sabotaje o ataque contra sistemas informáticos que puede causar pérdidas operativas, legales y económicas.
2 Los principales tipos de ciberriesgos incluyen malware, phishing, inyección SQL, denegación de servicio, BEC y ataques a credenciales.
3 El riesgo en la nube aparece cuando configuraciones y permisos inseguros exponen datos y facilitan accesos no autorizados.
4 La prevención de ciberriesgos exige medidas técnicas, copias de seguridad, control de accesos, formación y cumplimiento normativo.
5 El ciberseguro permite gestionar los ciberriesgos con apoyo experto y coberturas para responder y reducir el impacto de un incidente.

Cualquier sabotaje deliberado contra los sistemas informáticos de una empresa o de un particular se considera un ciberriesgo. En la práctica, hablamos de ciberriesgos que pueden ir desde el robo de credenciales y datos sensibles hasta el bloqueo de sistemas, la interrupción de la actividad o el fraude económico, con efectos directos sobre la operativa diaria, la confianza de los clientes y el cumplimiento normativo.

Además, estos ciberriesgos no afectan solo a grandes compañías. La digitalización, el trabajo en remoto, el uso intensivo del correo electrónico y las herramientas cloud, y la dependencia de proveedores tecnológicos han ampliado la superficie de exposición de cualquier negocio. Por eso, conocer los tipos de ciberriesgos más habituales y entender cómo prevenirlos es un paso imprescindible para reducir la probabilidad de sufrir un incidente.

En este contexto, en RibéSalat ofrecemos soluciones de ciberseguro para empresas con una protección adaptada a cada actividad. ¡Veamos los principales tipos de ciberriesgos!

¿Cuáles son los principales tipos de ciberriesgos?

Estos son los tipos de ciberriesgos más comunes a los que se tienen que enfrentar en la actualidad tanto las compañías como los usuarios en general:

Malware

Este término sirve para definir diversas formas de software dañino, como virus o ransomware. El modus operandi de estos ataques es siempre el mismo: se introduce un virus malicioso en un ordenador, sistema o red sin el consentimiento del usuario con objetivos diversos: destruir o robar datos o información de todo tipo, inutilizar el software de un equipo, bloquear una red, etc. Este tipo de ciberataque puede tener consecuencias catastróficas.

Phishing

Consiste en el riesgo de que alguien consiga suplantar nuestra identidad virtual, en la mayor parte de casos mediante la consecución de claves y contraseñas, con todo lo que puede llegar a acarrear: envío de emails fraudulentos, movimientos bancarios no autorizados, destrucción de archivos, robo de datos, etc.

Ataque de inyección SQL 

Se trata de un ciberriesgo específico de un servidor SQL, lenguaje de programación cada vez más usado por las empresas donde se almacena información personal de gran sensibilidad: datos bancarios, tarjetas de crédito, contraseñas personales, etc. El arma que se utiliza en estos ataques es la introducción de códigos maliciosos.

Denegación de servicio (DoS)

Se trata de un método de ataque sofisticado que consiste en sobrecargar un servidor con un exceso de tráfico en un sitio web, lo que llega a impedir el servicio. El perjuicio para la empresa puede ser muy importante en términos de pérdidas económicas, y puede también desencadenar una crisis por el menoscabo del prestigio de la organización o la pérdida de confianza de sus clientes.

Compromiso de correo corporativo (BEC)

Consiste en la toma de control de una cuenta de email corporativa o en la suplantación muy creíble de un directivo, proveedor o cliente para ordenar pagos, cambiar números de cuenta o solicitar información sensible. Es un ataque muy peligroso porque se apoya más en el engaño y en la urgencia que en técnicas complejas, y suele terminar en transferencias fraudulentas difíciles de recuperar.

Credential stuffing / fuerza bruta (reutilización de contraseñas)

Este ciberriesgo se basa en probar de forma automatizada combinaciones de usuario y contraseña, normalmente obtenidas en filtraciones previas, hasta conseguir acceso a cuentas reales. La fuerza bruta prueba múltiples claves posibles: el credential stuffing aprovecha que muchas personas reutilizan contraseñas en varios servicios. Cuando funciona, el atacante accede a correos, paneles de administración o aplicaciones críticas sin necesidad de malware.

Explotación de vulnerabilidades (software sin parches)

Se produce cuando un atacante aprovecha fallos de seguridad conocidos en sistemas operativos, aplicaciones, plugins o servidores que no están actualizados. Si una empresa retrasa los parches o mantiene versiones obsoletas, deja abiertas puertas que pueden permitir desde el robo de datos hasta la instalación de ransomware. Es un riesgo muy habitual porque depende de un factor común: el mantenimiento deficiente del entorno tecnológico.

Riesgo en la nube (configuraciones inseguras y permisos excesivos)

Abarca incidentes provocados por configuraciones incorrectas en servicios cloud, como permisos demasiado amplios, comparticiones públicas no controladas o cuentas sin medidas de acceso reforzadas en herramientas tipo M365 o Google Workspace. En muchos casos no hay un “hackeo” clásico: basta con una mala configuración o un control de accesos débil para exponer información, permitir accesos no autorizados o facilitar el movimiento del atacante dentro del entorno.

Riesgo de terceros (proveedores y cadena de suministro)

Ocurre cuando una brecha de seguridad en un proveedor, plataforma o partner termina afectando a tu empresa, ya sea por accesos compartidos, integraciones, intercambio de datos o dependencia operativa. Este tipo de ciberriesgo es especialmente delicado porque no siempre se controla directamente: la seguridad propia puede ser alta, pero una debilidad en un tercero puede abrir la vía para el robo de información, interrupciones del servicio o fraude.

Cómo contrarrestar los diferentes tipos de ciberriesgos

Los ciberriesgos existen, son frecuentes y cada vez son más novedosos, sofisticados y dañinos, y esto implica que  la seguridad informática sea, hoy en día, uno de los grandes retos de toda organización. Para contrarrestar los ciberriesgos, es fundamental poner en marcha una estrategia fundamentada en los siguientes pilares:

    • Análisis de la vulnerabilidad, tanto en equipos como en software y redes

    • Instalación y actualización del software de protección adecuado: programas antivirus, cortafuegos, filtrados web, etc

    • Realización de copias de seguridad con la calidad y frecuencia adecuada

    • Seguimiento estricto de la legalidad vigente sobre protección de datos y ciberseguridad

    • Puesta en marcha de las medidas preventivas necesarias: formación y concienciación de los empleados en materia de seguridad informática, puesta en marcha de protocolos de acceso a la información efectivos, bien estructurados y jerarquizados, entre otras acciones

¿Cuáles son los 3 ciberataques más comunes?

A continuación recogemos los tres principales ataques en materia de ciberseguridad contra las empresas:

1) Phishing (suplantación de identidad)

Es el ataque más habitual y uno de los que más impacto tiene. El delincuente se hace pasar por una entidad legítima (banco, proveedor, aseguradora, paquetería o incluso un compañero) para que la víctima haga clic en un enlace, descargue un archivo o entregue credenciales.

Señales típicas: urgencia (“último aviso”), errores sutiles en el dominio del remitente, enlaces acortados, solicitudes de verificación de contraseña o datos bancarios.

2) Ransomware (secuestro de datos)

Consiste en cifrar los sistemas o archivos de una organización para bloquear su actividad y exigir un pago a cambio de la clave de descifrado. A menudo se combina con doble extorsión: además de cifrar, amenazan con publicar información sensible.

Impacto típico: paradas operativas, pérdida de productividad, recuperación lenta y costosa, riesgos legales si hay datos personales comprometidos.

3) Malware y troyanos (incluye infostealers)

Aquí entran programas maliciosos que se instalan para robar información, espiar, abrir una puerta trasera o tomar el control del equipo. En los últimos años destaca el auge de los infostealers, que capturan contraseñas, cookies de sesión y datos del navegador.

Vías frecuentes de entrada: descargas falsas, adjuntos maliciosos, extensiones de navegador fraudulentas, software pirateado, actualizaciones manipuladas.

ciberriesgos

La seguridad informática es una cuestión compleja en la que se entremezclan cuestiones legales, con infraestructuras y medios técnico, así como una adecuada formación e implicación de los empleados. No se puede olvidar que en seguridad informática no se puede dejar nada al azar y que bajar la guardia se paga muy caro.

Los piratas y hackers informáticos están constantemente ideando nuevas formas de suplantar identidades, borrar información importantes, inutilizar equipos y robar datos de terceros con fines ilegítimos. Por este motivo, para conseguir los mejores grados de seguridad hay que ir siempre un paso por delante de ellos y, desde esta situación de ventaja, planificar e implementar estrategias de seguridad digital integrales y robustas.

Preparación y respuesta real

Mantenerse al día en tipologías de ciberriesgos y en los sistemas de protección frente a ciberataques no es una tarea sencilla, pero sí imprescindible para garantizar un alto nivel de seguridad digital. Además del conocimiento técnico, es fundamental contar con los recursos humanos, materiales y tecnológicos adecuados para llevar a cabo auditorías de ciberseguridad y análisis del estado inicial, identificar vulnerabilidades, evaluar riesgos y, a partir de ahí, seleccionar, implementar, configurar y mantener actualizadas las soluciones y mecanismos de protección más eficaces.

Por todo ello es muy recomendable ponernos en manos de expertos y a la vez tomar medidas para paliar las consecuencias en el supuesto de que las medidas adoptadas no sean suficientes.

Transferir el riesgo al sector asegurador es una solución, porque pone a los mayores expertos en materia de ciberseguridad al alcance de cualquier empresa para dar respuesta a los incidentes informáticos que puedan suceder y, en caso de no poder evitar consecuencias de los mismos, hacer frente a sus consecuencias económicas.

En RibéSalat estamos listos para ayudarte a proteger tu negocio de los principales ciberriesgos, con una solución de ciberseguro adaptada a tu actividad y a tu nivel de exposición. Te acompañamos desde la prevención y la evaluación inicial hasta la respuesta ante incidentes, para que puedas reducir el impacto operativo, legal y económico de un ataque y recuperar la normalidad cuanto antes. Contacta con nuestro equipo y te asesoraremos para definir la cobertura más adecuada para tu empresa.

Preguntas frecuentes

¿Cómo saber si mi empresa está siendo atacada?
Suele notarse por señales operativas y de seguridad que no encajan con el funcionamiento normal: picos de actividad en equipos o servidores sin explicación, lentitud repentina, bloqueos, accesos a horas inusuales, alertas del antivirus/EDR, intentos repetidos de inicio de sesión fallidos, creación de usuarios nuevos sin autorización o cambios en permisos. También es un indicio que aparezcan redirecciones extrañas en la web, correos enviados que nadie reconoce o movimientos anómalos en herramientas cloud. Si estas señales se repiten o se combinan, conviene tratarlo como incidente y activar el protocolo interno.
¿Qué señales indican que han accedido a mi correo corporativo sin permiso?
Algunas señales típicas son: reglas de reenvío creadas sin motivo (hacia cuentas externas), cambios en firmas o respuestas automáticas, correos “leídos” o “archivados” que nadie ha tocado, inicios de sesión desde ubicaciones o dispositivos desconocidos, solicitudes de verificación/MFA que nadie ha iniciado, y mensajes enviados desde tu cuenta que no reconoces. También es frecuente ver intentos de “cambio de cuenta bancaria” a proveedores o peticiones urgentes de pagos, incluso con el estilo habitual del remitente, porque el atacante lee conversaciones previas.
¿Qué debo hacer en los primeros 30 minutos tras detectar un ciberincidente?
Lo prioritario es contener el incidente sin destruir pruebas: aisla los equipos afectados de la red (sin apagar si no es necesario), bloquea o resetea credenciales comprometidas y revoca sesiones activas, activa MFA si no estaba habilitado y detén transferencias o procesos críticos si hay sospecha de fraude. Avisa al responsable interno (IT/seguridad/DPD) y registra de inmediato hora, sistemas afectados y qué se ha observado. Si contáis con soporte externo o ciberseguro, contacta cuanto antes para coordinar forense y recuperación con criterio.
¿Cuándo es obligatorio notificar una brecha de datos a la AEPD y a los afectados?
En general, debes notificar a la AEPD cuando la brecha de datos personales pueda suponer un riesgo para los derechos y libertades de las personas, y hacerlo “sin dilación indebida” y, cuando sea posible, en un plazo máximo de 72 horas desde que tengas constancia. Además, si el riesgo es alto para los afectados, también hay que comunicarles el incidente sin dilación indebida, con información clara sobre qué ha pasado y qué medidas pueden tomar. Si no se notifica, conviene documentar la valoración del riesgo y el motivo, porque puede ser requerida.
¿Qué documentos y evidencias conviene guardar para una investigación y una reclamación?
Conviene conservar todo lo que permita reconstruir el incidente: registros de acceso (logs) de correo, VPN, cloud y sistemas, alertas del antivirus/EDR, capturas de pantalla de mensajes o avisos, cabeceras completas de correos sospechosos, enlaces y adjuntos (sin ejecutarlos), listado de cambios detectados (usuarios, permisos, reglas de reenvío), y una línea temporal con horas y decisiones tomadas. También ayuda guardar facturas y costes asociados (parada, proveedores, restauración, comunicación), además de comunicaciones con proveedores o clientes y cualquier denuncia o reporte formal si procede.
¿Cómo reducir el riesgo de fraude por transferencia bancaria en el día a día?
La clave es blindar el proceso de pagos: valida cualquier cambio de cuenta bancaria por un canal alternativo (llamada a un número verificado, no el del correo), aplica doble aprobación para transferencias y límites por importe, y utiliza listas blancas de beneficiarios con verificación. Refuerza el correo con MFA y alertas de reglas de reenvío, y forma al equipo para desconfiar de urgencias, cambios “de última hora” y solicitudes fuera de procedimiento. Si trabajas con proveedores, acuerda por escrito el protocolo de cambios bancarios y mantén un registro interno de verificaciones realizadas.
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