Todas las empresas, independientemente de su tamaño, antigüedad, posición actual en el mercado o sector al que pertenezca están obligadas a lidiar con riesgos de diversas clases. Siempre existe la posibilidad de que se produzca un daño considerable, como la inundación en las instalaciones o un incendio importante, en una fábrica o planta industrial, o bien que tengan lugar cambios significativos a nivel financiero o de mercado que pongan en peligro la viabilidad económica de la empresa.

Por lo tanto, dado que la incertidumbre en el ámbito empresarial es inevitable, los empresarios o responsables de las organizaciones deben tratar de gestionar lo mejor posible los diferentes tipos de riesgos de una empresa, con el fin de evitarlos o minimizar sus efectos.

Principales tipos de riesgos de una empresa 

De un modo genérico, un riesgo es la posibilidad de que se produzca un peligro o daño en una empresa de manera aleatoria e imprevisible. El concepto es tan amplio que, en la práctica, los tipos de riesgos a los que pueden llegar a enfrentarse una empresa son muy numerosos y variadas, de origen tanto interno como externo.

No obstante, es posible establecer una clasificación dividida en 8 grandes tipos en los que ubicar las diferentes casuísticas de riesgos a los que las empresas pueden verse en la necesidad de hacer frente en algún momento:

  • Riesgo fortuito. Se trata, probablemente, del tipo de riesgo que más tememos y que primero nos viene a la cabeza. En este grupo podemos incluir: incendios, inundaciones y toda clase de desastres naturales que pueden llegar a dañar los activos de una empresa e, incluso a paralizar su actividad.

  • Riesgo inherente. Son los riesgos de carácter interno relacionados directamente con las actividades y negocios a los que se dedica de la compañía. Algunos ejemplos serían: fallos de contabilidad, gestión errónea de los recursos humanos, revelación de información inadecuada, problemas de comunicación corporativa, etc.

  • Riesgo de mercado. En esta tipología cabrían todas las posibles situaciones negativas o adversas que, de un modo u otro, pueden afectar a las ventas y a la propia cotización de las empresas: cambios significativos en el precio de las materias primas, transporte o aranceles, modificaciones en el tipo de cambio de las divisas extranjeras o caída del precio de las acciones de la compañía en bolsa, entre otros muchos factores.

  • Riesgo operativo. Existen una serie de errores humanos, realizados normalmente por personal de la empresa o subcontratado, que pueden provocar pérdidas financieras importantes a las empresas. Dentro de este grupo, se incluyen también los riesgos provocados por cambios en el entorno político, económico o social, los cuales pueden llegar a afectar los intereses de la empresa.

  • Riesgo estratégico. Estos riesgos están motivados por la falta de suficiente información y conocimientos por parte de los responsables de la empresa para hacer frente con garantías a cambios de calado, ya sea en la situación económica general del país o internacional, o bien en las condiciones relativas a la actividad a la que se dedica la empresa.

  • Riesgos financieros. Hace referencia a aquellas fluctuaciones financieras que pueden impactar negativamente en la empresa: cambios en los tipos de interés o de acceso a las líneas de crédito, problemas de liquidez, tensiones de tesorería, etc.

  • Riesgos de auditoría. En ocasiones, los auditores externos pueden cometer errores en su análisis y opinión sobre el estado financiero de la empresa y otras cuestiones que pueden llegar a tener un impacto muy negativo.

  • Riegos tecnológicos. En un entorno donde la transformación digital es indispensable para la supervivencia de cualquier organización, un mal uso de la tecnología y, sobre todo, la ausencia de mecanismos de ciberseguridad que protejan los datos digitales, puede significar un duro golpe para cualquier empresa, a veces irrecuperable.

¿Cómo evitar los riesgos en una empresa?

La clave para gestionar los riesgos de la mejor forma posible, minimizando al máximo la posibilidad de que ocurran y, en caso de no poder evitarlo, amortiguar sus consecuencias se puede resumir en dos palabrasestrategia y puesta en marcha de planes de acción realistas y efectivos.

Identificación y evaluación de los riesgos

La gestión de los riesgos de una empresa no puede improvisarse, sino que debe responder a una estrategia bien definida, donde el primero paso sea la identificación lo más concreta posible de dichos riesgos y la evaluación de las posibilidades de que ocurran y sus consecuencias.

Al identificar correctamente los diferentes tipos de riesgos, atajamos el mayor peligro: la imprevisibilidad. Dicha detección puede llevarse a cabo con una buena comunicación con los empleados, que son los que conocen realmente el trabajo diario y pueden prever los posibles problemas. Entrevistas, cuestionarios y sesiones de brainstorming deben convertirse en actividades frecuentes y recurrentes con los distintos departamentos y profesionales de la compañía.

En la evaluación de riesgos se deben determinar la posibilidades de que este se materialice, así como estimar los daños que puede llegar a provocar: económicos, operativos, de reputación de la empresa, etc.

Implementación de planes de acción 

Con los riesgos debidamente identificados y evaluados, la estrategia de control de riesgos debe continuar con el diseño de un plan de acción adecuado para todos y cada uno de los riesgos, donde se tengan en cuenta acciones preventivas, inversiones necesarias y lo protocolos y procedimientos a seguir en caso de incidencia.

Es fundamental que todo este proceso se realice tomando como base la metodología adecuada, con asesoramiento externo si es necesario, y se comunique eficazmente a todas las partes implicadas.

Por último, queremos subrayar que es importante entender los riesgos no solo como un peligro, sino también como una oportunidad para las empresas para superarse, organizarse mejor y, en ocasiones, desbancar a la competencia o colocarse en una situación de ventaja competitiva

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